| Pueblos Originarios |
La detención de Huenchunao
La opinión pública debe reflexionar en torno a las verdaderas razones que llevan a un pueblo a movilizarse y enfrentar la cárcel con la tremenda dignidad con que la asumen los comuneros mapuches; es necesario comprender que no se trata de delincuencia, menos de terrorismo, sino de una deuda histórica no asumida por el Estado chileno.
Pablo Ortega*
Azkintuwe
Ojalá las palabras del Ministro del Interior (s), Felipe Harboe, dichas a
propósito de la detención del dirigente mapuche José Huenchunao Mariñan, se
cumplan, quien no estaría contento con que sus palabras fuesen una realidad,
esto es, que "la justicia tarda, pero llega" y que "no hay impunidad para
cometer delitos en este país".
Eso significaría que el Estado se haga cargo del horrible delito de genocidio
preparado, financiado y ejecutado por agentes del Estado en contra de la
Población Civil mapuche y la posterior apropiación de los territorios de su
propiedad, respecto de los que no se pagaron indemnizaciones (sic) y que,
posteriormente subastó obteniendo ventajas económicas que contribuyeron a
asentar el poder económico de la burguesía civilizada que luchaba "contra la
barbarie".
Al parecer los funcionarios del Estado no estaban pensando en esto cuando
señalan lo que señalan, sino más bien se posicionan desde el poder punitivo,
desde el Estado Chileno que durante sus casi doscientos años de historia
resuelve sus conflictos sociales por intermedio de la fuerza, lo saben los
obreros en Iquique y Tierra del Fuego, los pobladores en Santiago, los
campesinos, los estudiantes, en fin, los pobres de Chile. Debemos reconocer si,
que hasta hace unos décadas, mataban a los mapuches simplemente, hoy solo los
encarcelan, ¡enhorabuena! la civilización se esta civilizando.
Pero sobre el trasfondo de esta detención y de su tratamiento en los medios, de
su tratamiento por las "instituciones que funcionan", se observa la misma
ideología que permitió el genocidio y la usurpación de la propiedad que
legítimamente eran titulares las comunidades mapuches. Efectivamente se trata en
el fondo de creer que existen seres humanos superiores y que "los otros", en
este caso los mapuches, son los equivocados, los que están en contra del
"progreso", los revoltosos, en suma, los "enemigos" de la civilización, del
orden.
La clase política no quiere comprender que no se trata de un problema de
"infiltrados", como se decía ayer, o de "terroristas" como se dice hoy; sino que
se trata del principal problema social de América Latina, herencia del
imperialismo e irracionalidad europea, pero que los Estados Nacionales, entre
ellos el Chileno, han asumido acríticamente desde la Independencia hasta
nuestros días, a pesar incluso de la opinión de personas de la talla de
O´Higgins, Carrera o Manuel Rodríguez.
La opinión pública debe reflexionar en torno a las verdaderas razones que llevan
a un pueblo a movilizarse y enfrentar la cárcel con la tremenda dignidad con que
la asumen los comuneros mapuches; es necesario comprender que no se trata de
delincuencia, menos de terrorismo, sino de una deuda histórica no asumida por el
Estado, deuda que se ahonda al optar éste por un modelo de desarrollo que
excluye de sus beneficios a las comunidades mapuches, en particular y a los
pobres de Chile, en general.
José Huenchunao es un líder querido por su pueblo y respetado por todos quienes
lo conocen. Como dijera un senador "él no ha matado ni robado a nadie", no era
necesaria la exhibición de fuerza que se realizó con su detención, no eran
necesarias las palabras grandilocuentes de los funcionarios públicos, no son
necesarios los ingentes gastos en represión, vigilancia y operaciones de
inteligencia, pues no se trata de un problema de delincuencia. Bastaría tal vez
con más humildad de quienes tienen el poder y un sincero deseo de hacer las
cosas mejor. Hacemos votos porque esto sea así
* Abogado.