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PUEBLOS ORIGINARIOS |
La Pacificación de Arauco continúa con una nueva muerte al sur de Chile
Roberto Manríquez
Rebelión
Cómo leerán los viejos mapuche el titular del vespertino local La Segunda,
"Dramática mañana de violencia Mapuche", como explicación a la muerte de otro
joven comunero este jueves en la mañana a manos de la policía de Carabineros de
Chile.
O las explicaciones del Subsecretario del Ministro del Interior chileno, Felipe
Harboe, quien confirmó ante periodistas "que se ha producido un enfrentamiento
en el fundo de don Jorge Luschinger", en una suerte de informe de capataz de
hacienda, del fundo de don Jorge.
Matías Catrileo de 22 años estudiaba Agronomía en la Universidad de la Frontera
y junto a un grupo de comuneros pretendía - según el parte oficial - incendiar
el predio de uno de los hacendados de la zona, en la región de la Araucanía al
sur del país.
Por cierto es el único muerto en el proclamado enfrentamiento, en la "dramática
mañana de violencia mapuche", que consigna la prensa.
Los más viejos nativos de la etnia más numerosa de Chile han tenido que lidiar
toda una vida con un término que no es eufemístico sino orwelliano en la
Historia de Chile.
El escritor inglés en su poco conocido ensayo de mediados del siglo pasado "La
política y el idioma ingles" hablaba de la nueva tendencia política del poder
que consiste en revestir con un nombre absolutamente contrario a la política que
se lleva a cabo.
Orwell ponía un ejemplo el término "pacificación". "En nuestra época, el
lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible"
para ocultar lo que se propone su utilizador. Así "Se bombardean poblados
indefensos desde el aire, (y) eso lo llaman "pacificación’."
En Chile generaciones sucesivas estudiaron lo que en los manuales de Historia se
denominó sin ambages "La Pacificación de la Araucanía", o la ocupación del
ejército chileno de los últimos poblados mapuches a fines del siglo XIX.
Confinados en reducciones los habitantes originarios del país vieron entonces
sus casas incendiadas, sus animales robados, cosechas arrasadas, en una tierra
que arrebatada que pronto el Estado entregó en venta.
En la actualidad el nuevo término orwelliano es "terrorismo mapuche", se supone
que los mapuche son terroristas, aún cuando los únicos que mueren, son heridos y
robados son los presuntos agentes del terror.
Un término criticado por el relator de ONU para Pueblo Indígenas, el mexicano
Rodolfo Stavenhagen, quien en 2004 denunció la criminalización de las
reivindicaciones históricas mapuche por parte del Estado chileno, cuya
herramienta jurídica denominada "atentado terrorista" tiene a centenares de
dirigentes mapuche en prisión.
Pero "Estas últimas semanas ha recrudecido la violencia terrorista en el sur",
insistió el diario El Mercurio el domingo pasado, al presentar una crónica sobre
la quema de un camión transportador de Pinos.
El camión en llamas también suscitó una dura respuesta del vocero del gobierno
de la presidenta Michelle Bachelet, el precisamente profesor de historia
Francisco Vidal, quien dijo que los hechores "debían en el futuro atenerse a las
consecuencias". "Luego no me vengan con huelgas de hambre", dijo Vidal en
alusión a una huelga de hambre que por casi dos meses y medio sostuvieron un
grupo de comuneros mapuches y que aún mantiene la activista humanitaria chilena
Patricia Troncoso, cuya vida corre serio riesgo cada día que pasa.
La movilización por cierto es inexistente para los noticieros de televisión,
diarios, radios y revistas, en un país cuyo gobierno se siente corrientemente
interpelado ha advertir la falta de libertad de expresión en otros países de la
región.
Las encuestas de opinión demuestran que los chilenos en su mayoría apoyan las
demandas mapuche, en un denodado esfuerzo de opinión independiente, dado que el
discurso del partido único que anuncia la prensa es mapuche terrorista ataca
propiedad privada.
En una obligación de contexto muchos medios por estas horas se han visto en la
necesidad de reflotar otra muerte, la del adolescente Alex Lemún, asesinado por
Carabineros en 2003, mientras junto a su madre participaba en una manifestación
pacífica.
Desde luego en las crónicas escritas a esta hora Lemún murió también producto de
otro enfrentamiento, en otra "Dramática mañana de violencia mapuche".
Que los periódicos El Mercurio y La Segunda lideren la ofensiva racista que ha
culminado con otro mapuche muerto no resulta sorprendente si nos acercamos a la
espeluznante historia de ambos medios de propiedad de Agustín Edwards.
El Mercurio publicó el día siguiente del Golpe Militar de Augusto Pinochet desde
el día 11 de septiembre de 1973 el listado y fotografías de disidentes buscados
por las SS locales, de modo que la población pudiera participar de su "captura".
En tanto La Segunda se hizo famosa por publicar en portada a modo de epígrafe
"Junta rabia chileno", en los años de la Unidad Popular, en una suerte de
preparativo para su derrocamiento y en un terrible presagio del dramático
destino que les deparaba a los opositores a la dictadura.
Hoy los mapuche aparecen como objetivos preferentes de esta vergonzosa forma de
prensa que se ha cobrado una nueva víctima.
* periodista, robertomanriquez@hotmail.com