|
PUEBLOS ORIGINARIOS |
El gobierno chileno extermina al pueblo mapuche
Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada
Chile es un país cuyos dirigentes políticos se vanaglorian de poseer un orden
democrático, velando la práctica consentida de torturas y de políticas etnocidas.
Lo anterior es consecuencia de estar regidos por la Constitución promulgada
durante el régimen de Pinochet; sin embargo, el mayor símbolo de esta
contradicción, ser demócrata y practicar el exterminio al pueblo mapuche, se
produce por la existencia de otra ley de la dictadura. Se trata de la N1 18.314,
conocida popularmente como Ley antiterrorista. En vigor desde el 16 de
mayo de 1984, fue ideada por el entonces ministro del Interior de la Junta
Militar, Sergio Onofre Jarpa, para dejar sin efecto el habeas corpus y
aplicar la doctrina del enemigo interno. Instrumento que permitía a las fuerzas
de seguridad actuar a sus anchas
Se encarceló y torturó a miles de ciudadanos con el pretexto de violar la
propiedad privada, el territorio y ser enemigo interno de la patria. Tras años
de lucha, cuando muchos han creído superados los tiempos negros de la infamia,
el gobierno mandará aplicar dicha ley contra el pueblo mapuche. Al hacerlo, se
sitúa al mismo nivel de quienes la promulgaron y viola todos los principios
democráticos de igualdad, justicia y dignidad. Se condena al pueblo mapuche al
exterminio. Es la solución para acallar la voz reivindicativa de sus dirigentes
en estos años de enfrentamiento a las políticas de usurpación.
Aplicar la Ley antiterrorista es parte de la solución final. Conlleva
imputar a dirigentes mapuches su participación en actividades contra la
seguridad del Estado y la propiedad privada. En la actualidad más de medio
millar está en prisión por dicha ley. Para evitar ser descubiertos, esta es la
estrategia elaborada por el Estado chileno para provocar el etnocidio y
garantizar su ejecución:
1) La mordaza comunicativa. Censura y control de los medios de comunicación.
Nada debe conocerse sobre dicha actividad. La prensa privada también participa;
2) La oposición es cómplice con la política del gobierno; 3) Los terratenientes
campan por sus fueros y no dudan en utilizar la fuerza paramilitar a sabiendas
que las fuerzas de seguridad dejarán hacer; 4) El colonialismo interno es el
mecanismo de explotación vigente de los pueblos mapuches e indígenas en Chile, y
5) Las trasnacionales esperan beneficiarse del etnocidio y alzarse como las
máximas propietarias de las riquezas hidráulicas. La española Endesa ya lo hizo
en 1999 con la presa Ralco, al quedarse con los territorios del pueblo pehuenche
y causar la desaparición del patrimonio cultural del mismo. Así, todos son parte
de un festín propio de la globalización neoliberal no apto para demócratas.
La lucha fue dura. Ralco, un punto de inflexión. Ahora se pasa al ataque final.
En diciembre de 2001 se acusa de un incendio intencionado de pinos, propiedad de
Forestal Mininco, a líderes de la coordinadora Arauco Malleco y comuneros
mapuches. Se les aplicará la Ley antiterrorista, entre otros a Héctor
Llaitul, Juan Marileo Saravia, Jaime Marileo Saravia, Juan Carlos Huenulao
Lielmil, Patricia Troncoso y José Henchunao.
Esta estrategia pueril es la forma de mostrar al pueblo mapuche el descontento
por su correosa defensa de los derechos territoriales. No deben levantar la
cabeza frente al hombre blanco. Y si lo hacen, sufrir las consecuencias. El
gobierno aplica la Ley antiterrorista como montaje del Estado.
Posteriormente simula un juicio donde los testigos de la acusación salen
encapuchados, sin rostro, sin nombre real. Donde comuneros mapuches inculpan a
sus compañeros tras torturas, amenazas de muerte a sus familias y el
allanamiento de sus domicilios. Y cuando superan el miedo y cuentan la verdad de
los hechos, el juicio es suspendido sine die por orden del Estado, pero
no se paralizan las sentencias.
Tras siete años y ante la ignominia, en octubre de 2007 iniciaron una huelga de
hambre. Hoy, en 2008, Patricia Troncoso va a cumplir 80 días sin alimentos. Está
a punto de morir. El resto de los inculpados desisten esperando una
rectificación por parte del gobierno. Su pliego de peticiones es simple:
libertad a presos políticos mapuches, desmilitarización de la zona en conflicto
y fin de los allanamientos policiales. La mediación del obispo de Temuco parece
no ser suficiente. Patricia ha perdido 22 kilos. Su carta a Bachelet es
descarnada, aquí algunos párrafos: "Yo quiero preguntarle(...) Usted que fue
prisionera política, que fue torturada, siente hoy el placer de torturarnos a
nosotros. ¿Qué siente usted señora presidenta?(...) ¡Qué lástima que usted se
haya olvidado de todo lo que significa la prisión política y la muerte de tantos
seres! Usted, con la actitud soberbia de su gobierno, de sus representantes, hoy
en día nos torturan condenándonos a una muerte silenciosa".
El informe del relator especial de las Naciones Unidas y las libertades
fundamentales de los Indígenas, Rodolfo Stavenhagen, a dos años del caso, en
2003, recomendó al gobierno de Chile no criminalizar y penalizar las legítimas
actividades de protesta social de las comunidades indígenas, la no aplicación de
la Ley antiterrorista, la revisión del caso de los lonkos procesados, la
reforma del proceso penal de testigos sin rostro, no aplicar el concepto de
amenaza terrorista o asociación delictuosa para hechos relacionados con la lucha
por la tierra o reclamos legítimos de los pueblos indígenas. Asimismo, mostró,
en nombre del comité, la preocupación por aplicar dos leyes: la antiterrorista y
la de Seguridad del Estado en las tierras ancestrales mapuches. Sin embargo, sus
recomendaciones han quedado sin efecto. El plan del gobierno de la Concertación
y la oposición sigue siendo el exterminio mapuche. Para este objetivo, Chile
desconoce tratados internacionales, no cumple convenios ni respeta acuerdos.
Esperemos que el Estado chileno no consume su crimen de lesa humanidad contra el
pueblo mapuche. Si lo hacen, los actuales dirigentes políticos pasarán a la
historia como etnocidas.