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Nueve años de
cárcel pide fiscalia para Llaitul y Painemil
Por supuesto atentado incendiario en chol-chol
La jueza de garantía Claudia Sánchez desestimó de hecho en la audiencia pública la denuncia de tortura formulada ante ella por el preso político mapuche Roberto Painemil Parra, acogiendo en cambio una declaración que había sido suscrita por él horas después de ser detenido por un grupo paramilitar en diciembre de 2006. La magistrada negó la libertad condicional para ambos encausados, que pasaron más de un año en "prisión preventiva" sin ser llevados a juicio.
Lucía SEPÚLVEDA*
Azkintuwe
NUEVA IMPERIAL / Nueve años de cárcel por los supuestos delitos de incendio y
porte de armas solicitó el pasado 14 de marzo la fiscal Vania Arancibia contra
los presos políticos mapuche Héctor Llaitul, dirigente de la Coordinadora
Arauco-Malleco (CAM) y el comunero Roberto Painemil Parra de Vilcún. La negativa
de la jueza Claudia Sánchez Slater a acoger denuncias de tortura que
invalidarían los cargos, y la citada acusación del fiscal ilustran el
funcionamiento de los tribunales chilenos en juicios de indígenas.
Justamente por este tipo de hechos se está pidiendo una visita a terreno de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para comprobar la "manipulación y
el hostigamiento del Estado y la justicia" utilizados contra luchadores sociales
que defienden su derecho a la tierra o su facultad de elegir su propio modelo de
desarrollo. Los peticionarios fueron José Aylwin y Adolfo Millabur, co-director
del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas y alcalde de Tirúa,
respectivamente, el pasado 10 de marzo en Washington, durante el 131º período de
sesiones de la entidad dependiente de la OEA.
La jueza de garantía Claudia Sánchez desestimó de hecho en la audiencia pública
la denuncia de tortura formulada ante ella por el preso político mapuche Roberto
Painemil Parra, acogiendo en cambio una declaración que había sido suscrita por
él horas después de ser detenido por un grupo paramilitar en diciembre de 2006.
La magistrada negó la libertad condicional para ambos encausados, que pasaron
más de un año en "prisión preventiva" sin ser llevados a juicio oral, pero
fueron sindicados en la prensa como autores del atentado incendiario contra
maquinaria de Forestal Mininco, ocurrido en el fundo Las Praderas el 25 de
Diciembre de ese año. La audiencia preparatoria del juicio oral, a realizarse en
Temuco, será probablemente el 18 de Abril. A partir de entonces, habrá un plazo
mínimo de 45 días y máximo de sesenta.
Incendio y porte de armas
La fiscal Arancibia –representando los intereses de la poderosa Mininco y de la
Intendencia de Cautín- los acusó de los delitos de incendio y porte de armas.
Sin embargo, horas antes del citado atentado incendiario, Painemil había sido
entregado a carabineros por un grupo de civiles armados con escopetas. La
acusación contra él sólo se sustenta en una confesión obtenida bajo tortura, en
la que también Painemil inculpó a Héctor Llaitul. Pero el procesado se negó a
ratificar su confesión ante la jueza.
Por su parte, Héctor Llaitul, de profesión asistente social (Universidad de
Concepción), quien se encontraba en la clandestinidad por la persecución
judicial contra la Coordinadora Arauco Malleco, fue capturado en Concepción el
22 de febrero de 2007 y formalizado sobre la base de los dichos iniciales de
Painemil. En el caso de Llaitul, la acusación actual de porte de armas no se
sostiene, pues en Concepción, en el juicio oral realizado en agosto de 2007, ya
fue sentenciado por el juez Adolfo Cisternas con una multa equivalente a 55 días
de prisión – ampliamente cumplidos- porque al ser detenido portaba ilegalmente
una pistola Taurus, debidamente inscrita. No se le puede juzgar de nuevo por el
mismo delito.
La acusación de la fiscal Arancibia se conoció el 14 de marzo, apenas cuatro
días después que José Aylwin denunciara ante los comisionados de la OEA que en
la zona mapuche los asesinatos de jóvenes mapuche y las denuncias de trato
degradante (tortura) y violencia policial excesiva competen a la justicia
militar, por lo cual los responsables permanecen en la impunidad. Aylwin fue el
primero en conocer en febrero de 2007 las denuncias de Painemil, quien fue
torturado por varias horas en la Comisaría de Cholchol. Se le obligó a firmar
documentos redactados por los interrogadores, los cuales fueron entregados a la
fiscal Vania Arancibia. Fue así como Painemil se autoinculpó del atentado
incendiario, incriminando también bajo amenazas y golpes, a Héctor Llaitul
Carrillanca, mapuche-huilliche, a quien no conocía.
Un año detenido sin defensa
Painemil estuvo preso todo el año 2007 en la cárcel de Lautaro, luego de ser
formalizado por la jueza Karina Rubio que lo dejó en prisión preventiva durante
todo el año que durara la investigación. En diciembre pasado debía haberse
realizado la primera audiencia pública. Fue suspendida porque Jaime López, el
defensor tardíamente asignado por el tribunal, no se presentó. Nuevamente se
suspendió la audiencia "por exceso de trabajo" el lunes 7 de enero de este año,
en medio de la conmoción provocada por el asesinato de Matías Catrileo (ocurrido
el 3 de enero) y cuando toda la comunidad Yeupeko Filcún (Vilcún) y los grupos
de apoyo de los presos políticos se alistaban para hacerse presentes en Nueva
Imperial. En la tercera fecha fijada, el 11 de enero, la audiencia tampoco se
realizó, porque no había traductor, y Painemil declara en mapudungun.
El abogado López no visitó oportunamente a Painemil ni pidió su libertad en todo
ese período. Finalmente este inculpado logra comparecer el 18 de febrero de 2008
ante la jueza Sánchez Slater, y ratifica en la audiencia pública lo que ha
declarado a organismos de derechos humanos, sobre haber sido sometido a tortura
en el retén policial. No hubo prensa en la audiencia, y sólo se autorizó el
ingreso de familiares de los inculpados. Pamela Pessoa, esposa de Héctor Llaitul
- y madre de sus cuatro hijos, Lautaro(13), Lincoyam(12, Neyen(10), y Pelentaro
(4) - escuchó a Painemil declarar ante la jueza que él fue golpeado en múltiples
ocasiones en el estómago y el corazón, que le torcieron los brazos, y que jamás
se le leyeron sus derechos ni se le presentó abogado defensor alguno.
Señaló asimismo Painemil ante la magistrada, que había sido obligado a acusar a
"el Negro", supuesto apodo de Héctor Llaitul. Al responder las preguntas del
abogado Ricardo Cáceres, defensor público de Llaitul, Painemil negó haber
conocido previamente al dirigente mapuche. En la audiencia siguiente, el 4
de marzo, ambos abogados pidieron el cierre de la investigación y la libertad de
sus defendidos, pero la jueza Sánchez sólo aceptó lo primero, de manera que la
Fiscalía presentó el 14 de marzo la acusación.
Para poder seguir el juicio, Pamela Pessoa debe trasladarse a Imperial ya que
vive en Ranquilhue (Tirúa), sector lago Lleu/ Lleu, uno de los epicentros del
conflicto chileno-mapuche. Ella solidarizó activamente con la huelga de hambre
de Patricia Troncoso Robles y otros presos políticos mapuche, entre los cuales
estaba su propio marido. Héctor Llaitul permaneció 81 días sin ingerir
alimentos, en apoyo a las demandas de libertad de todos los presos políticos y
el cese de la represión a las comunidades.
Civiles armados y carabineros
En la declaración difundida en octubre pasado por el Comité de apoyo a los
Presos Políticos Leftraru, Painemil denunciaba que su detención fue practicada
por un grupo civil. Según informó la prensa local en su momento (Diario Austral,
26 de diciembre de 2006), se trata de una "Junta de Vigilancia" organizada por
el mayor de carabineros de la Cuarta Comisaría de Nueva Imperial, Jorge Aguirre.
Painemil estaba en su camioneta cuando, según afirma, fue rodeado "por un grupo
de civiles que me decían andas robando, eres un ladrón; revisaron mi camioneta y
dijeron 'aquí hay armas'. Yo nunca anduve con armas y ahí me tenían, ellos
andaban todos armados con escopeta, rozón y palos. Y por fin llamaron a
carabineros…que me iban a buscar otra vez y me llevaban a otro rincón del patio,
me torcían los brazos y me decían que cooperara con la justicia.
Luego me volvían a meter en el calabozo, me sacaban fotos, me filmaban, después
me sacaron otra vez y me encerraron en el baño que estaba cerca del calabozo,
ahí quedé con uno solo que me empezó a palmetear en la cara. Eran como 6 o 10
personas que me tenían castigándome, venían unos después de otro y así me
encerraron como tres veces en el baño, era un baño chico y una vez trajeron como
una maquinita, no sé bien lo que era, pero tenía unos cables y me la mostraban y
me dijeron ¿usted sabe lo que es esto? Yo tenía mucho miedo, tiritaba, me decían
que hablara o me iban a fundir en la cárcel y mi familia la iba a pasar muy mal.
Ellos corren peligro, me decía uno. Yo vivo con mi mamá y papá, ellos son
personas mayores, mi mamá está enferma, me decían que iban saliendo a mi casa y
que iban a amarrar a mi mamá, la iban a esposar y a mi papá igual."
A más de un año de ocurridos estos hechos, otro grupo paramilitar entra en
escena, ahora en la comuna de Ercilla.
Paramilitares incendiarios
En la mañana del 3 de marzo pasado, según denunciaron representantes de la
asediada comunidad mapuche de Temucuicui, comuna de Ercilla, un atentado
incendiario afectó 45 hectáreas de bosque nativo y pino insigne y la casa de un
comunero. Aseguran que el incendio fue provocado por un grupo de particulares
armados que ingresaron a la comunidad junto a efectivos de Investigaciones y se
retiraron precipitadamente cuando se declaró el fuego. CONAF se negó a acudir a
apagar el incendio. Los grandes medios no informaron del hecho.
Sostienen en su declaración los comuneros: "Queda claramente demostrado que
muchos de los incendios y quemas de propiedades privadas y predios forestales de
las que se nos acusan son intencionales (realizadas por agentes del estado o los
mismos propietarios), provocando y justificando la persecución de dirigentes y
comuneros que nada tienen que ver con estos hechos, pero sí con apoyar la justa
lucha reivindicativa que lleva adelante nuestro Pueblo-Nación Mapuche."
El caso de Temucuicui también fue denunciado ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, como una evidencia del hostigamiento y la violencia policial
de que son objeto mujeres, niños, ancianos y luchadores sociales mapuche, en
allanamientos en los que la policía utiliza helicópteros y armas de guerra, en
ocasiones para acusar de abigeato a los comuneros. El propietario del fundo
Montenegro, René Urban Pagnard, colindante con la comunidad Temucuicui cuenta
con permanente protección policial que incluye un helicóptero, fuerzas
especiales y vehículos policiales. Urban ha logrado que los miembros de la
familia Huenchullán Cayul, sus vecinos más próximos, sean objeto de permanentes
detenciones y amedrentamientos, cuando circulan por el camino público que separa
ambos predios. A esto se agrega ahora la presencia de grupos paramilitares que
pueden generar situaciones de grave riesgo para los habitantes de Temucuicui,
como ya se vio en el incendio reciente / AZ
* Colaboradora de Azkintuwe.
** Original en