Flores para la Tera
Homenaje de un hijo a su madre, ex detenida-desaparecida
Exhumada de una tumba sin nombre e identificada por el Equipo Argentino de
Antropología Forense, Silvia Giménez será enterrada hoy en el cementerio de La
Plata.
Diego Martínez
Página 12
Emiliano tenía 15 meses el día que una patota militar secuestró a sus padres.
29 años después el Equipo Argentino de Antropología Forense le informó la
identificación de su mamá, Silvia Giménez, enterrada como NN en el cementerio de
Avellaneda. Esta semana convocó a organismos de derechos humanos y
organizaciones populares a rendirle homenaje. "Si cada una de las historias de
los 30.000 desaparecidos se escribe desde una confusa y anémica memoria que
niega su condición de revolucionarios, de sujetos que disputaron el poder por la
liberación política y social de la Patria, si no tenemos la estima por las nubes
al decir que fueron cuadros políticos estratégicos, soldados de una causa
colectiva e irremediablemente justa, estaríamos volviendo a matarlos", escribió.
La cita es a las 11 en el cementerio de La Plata.
Silvia nació en Coronel Pringles pero de niña llegó a Bahía Blanca. Estudió en
el Colegio Nacional, donde este verano sus autoridades taparon un mural de los
alumnos que recordaba la Noche de los Lápices. En la Facultad de Agronomía de la
Universidad Nacional del Sur conoció a Raúl Guido, "el Tero de Huanguelén". Se
enamoraron, pasó a ser la Tera y se mudó al Barrio Universitario, una manzana de
chalecitos recuperados para los estudiantes del interior que pronto se convirtió
en centro de actividad política. Sus primeros rastros de militancia constan en
Graphos, revista del Club Universitario. Escribió sobre educación en Cuba y
derecho a la salud. Emiliano heredó el oficio: en 2005 recibió el premio José
Martí de la agencia Prensa Latina. Sus amigos la recuerdan seria, sólida en sus
convicciones y de extraordinaria belleza.
En junio de 1973 acompañaron a la JP a Ezeiza y se terminaron de convencer de
que la revolución no pasaba por Perón. El día del golpe en Chile la recuerdan
con la bandera del Frente Antiimperialista por el Socialismo marchando junto a
inmigrantes humildes que en Bahía llaman "chilotes", el viento y la lluvia
arrancándole el cartelón de las manos frente a la nutrida custodia del diario La
Nueva Provincia, exultante puertas adentro. Los buchones locales no tardaron en
ficharlos. En junio de 1974 Silvia contrató los colectivos que transportaron a
300 bahienses al congreso del FAS en Rosario. En septiembre Raúl reconoció en la
morgue el cadáver de Luis Jesús García, fusilado por los matones del diputado
Rodolfo Ponce. Sin garantías y con Raúl incorporado al PRT, a fin de año se
trasladaron a Mar del Plata. Silvia se proletarizó en una fábrica de conserva de
pescado y Raúl intentó sostener la prensa del partido, pero las medidas de
seguridad de la regional hacían agua. A partir de información transmitida desde
Bahía Blanca por el comisario Juan Nelo Trujillo los represores marplatenses
supieron dónde vivían. Se tomaron un mes para reconstruir la red de contactos.
El 19 de junio de 1976 miembros del Grupo Argentino de Defensa Antiaérea 601, en
tres autos sin patente, los secuestraron junto a otras siete personas. Según la
investigación del EAAF, es probable que hayan sido trasladados al Pozo de
Banfield.
Emiliano se crió con sus abuelos maternos. Además de la tragedia personal
padecieron el bloque militar-eclesiástico-civil de Bahía Blanca, que con escasas
fisuras persevera en su indiferencia cómplice ante el genocidio. A partir del
llamado de algún militar aburrido, Norberto esperó dos días en un andén de
Constitución, con un pañuelo rojo en el bolsillo del saco, que alguien retirara
el bolso con ropa para Silvia. Aurora marchó junto a las Madres, sufrió los
apagones en plaza Rivadavia, los huevazos desde edificios navales y el rechazo
del arzobispo Jorge Mayer, que el Día de la Madre no toleró los pañuelos blancos
y las echó de la Catedral. Criaron a su nieto en medio de la peor hostilidad.
Cuando lo supieron fuerte y emigró a La Plata, la tristeza se los devoró.
"Nadie pudo separarnos", escribió Emiliano sobre sus padres. "Cuando la historia
oficial los quiso demonizar, cuando la moral media de la sociedad los reducía a
un grupo de jóvenes manipulados, muchos, casi como un mandato necio de los
genes, seguimos diciendo que estamos orgullosos de ellos." En la postdata pidió
por favor llevar flores para la Tera.