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Zapatismo
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México revisitado, conmovedor y contradictorio
Miguel Urbano Rodrigues
Se fortaleció la convicción de que La Otra Campaña –iniciativa de que poco se
habla en Europa y mal comprendida por personalidades progresistas en América
latina- no actuó irresponsablemente al organizarse por fuera del carril
electoral. La rebelión en Oaxaca confirmo lo correcto de la estrategia de la
Otra Campaña, que llevo a destacados intelectuales reformistas a distanciarse
del Subcomandante Marcos
Volver a México es siempre para mí el rencuentro con un pueblo que me fascina
como ningún otro en América Latina. Tan imprevisible es allí todo que al llegar
no intento imaginar lo que voy a sentir.
En Marzo durante dos semanas escasas confirme esa certeza. En vísperas del viaje
leí el ensayo de un historiador famoso sobre las luchas sociales en América. La
referencia a México era brevísima. En su opinión nada allí acontecía que
mereciera comentario, en un momento en que en el Sur del Hemisferio crecía la
ola antimperialista y las políticas neoliberales eran repudiadas por las grandes
mayorías.
Es una opinión con la que no estoy de acuerdo. Las apariencias del vasallaje
mexicano frente al sistema de poder de los EEUU son engañosas. En una charla que
di en Córdoba, en el estado de Veracruz, compare a México con una mujer
embarazada. El parto aún no tiene fecha, pero las tensiones acumuladas en el
vientre de la tierra mexicana anuncian una nueva vida.
La previsión parece absurda porque el actual presidente es un político de
derecha defensor del refuerzo de la alianza con Washington. Las circunstancias
en que Felipe Calderón fue investido en la Presidencia ayudan, sin embargo, a
comprender la complejidad de una crisis del poder de las fuerzas más
reaccionarias del país después de la victoria pirrica por ellas alcanzada.
El candidato del Partido de Acción Nacional –PAN fue declarado vencedor de las
elecciones por el Instituto Federal Electoral después de un gigantesco fraude.
Este repitió otros anteriores, pero en circunstancias tan escandalosas que se
torno inevitable un recuento de votos, además también fraudulento.
Calderón sucedió a Vicente Fox, el primer político de derecha asumida que llego
a la Presidencia después de la victoria de la Revolución Mexicana hace casi 100
años.
Fox, presidente de la Coca-Cola, un empresario sin pasado político, fue apoyado
por la organización ultraderechista Yunque que controlaba la dirección del PAN.
Su mujer Marta Sahagun (que solamente no fue candidata por estar envuelta en
escándalos mayúsculos), mantuvo relaciones estrechas con los Legionarios de
Cristo, una asociación de fanáticos anti-preservativos, defensora de la
imposición del catolicismo como religión de Estado. Hizo la política que de el
se podía esperar,
El candidato del Partido Revolucionario Institucional –PRI, Roberto Madrazo,
partió para la elección derrotado. El viejo partido es hoy una reliquia que nada
tiene de revolucionario. Le cabe la responsabilidad de, en sucesivos gobiernos,
haber destruido gran parte del sector empresarial del Estado. En complicidad con
el PAN, fue en el Poder un ejecutor fiel de las recetas neoliberales impuestas
por el Consenso de Washington.
La lucha electoral se libro así entre el PAN y el Partido de la Revolución
Democrática –PRD. La prensa internacional, con pocas excepciones, identificó al
PRD como un partido de izquierda. Algunos fueron más lejos: definieron a Andrés
Manuel López Obrador, su candidato, como un político de tendencia socialista. No
es verdad. Obrador nunca habló del socialismo en su campaña, ni siquiera como
meta distante.
En México hace casi dos décadas que no participa en las elecciones por falta de
registro electoral ninguna organización socialista.
Obrador puede ser definido como un socialdemócrata moderado. Mantiene la
tradición. Cuauhtémoc Cárdenas, el fundador del PRD, desarrolló esfuerzos en
1999 para llegar a un acuerdo con el PAN cuyo objetivo seria evitar la victoria
del candidato del PRI. López Obrador lo aprobó "Tenemos diferencias –afirmo
entonces en Tabasco- pero la democracia está en primer lugar".
Extraño concepto de democracia es el de un un partido abierto a entendimientos
con diputados de extrema derecha. Los acuerdos políticos espurios son además
tradicionales en la falsa democracia mexicana. Cabe recordar que durante la
Presidencia de Salinas de Gortari el PRI y el PAN habían actuado en el Congreso
como fuerzas complementarias en la ofensiva neoliberal de privatizaciones.
Salinas, un Harvard boy, necesitó entonces de los votos de la bancada panista
para imponer las enmiendas constitucionales que destruirían conquistas
históricas de la Revolución Mexicana.
Falsean por tanto la realidad los analistas que "acusaron" a López Obrador de
ser un reformista revolucionario, viendo en el un aliado potencial de Hugo
Chávez. El candidato del PRD ni siquiera declaró ser anticapitalista. Es
suficiente leer su "Proyecto Alternativo de Nación" para percibir que el
Programa de la Coalición por el Bien de Todos no era de izquierda. Durante la
campaña electoral las críticas al imperialismo fueron, además, tímidas.
Es un hecho que solamente un enorme fraude impidió a Obrador ser proclamado
Presidente de la República. Un fraude tan evidente que el candidato robado no
reconoció la decisión del Tribunal Electoral y constituyo un "gobierno
paralelo", declarando ilegitimo a Felipe Calderón.
El escándalo fue mayor cuando durante más de un año los sondeos atribuían a
López Obrador una victoria confortable sobre el candidato del PAN.
LA OTRA CAMPAÑA
Un sector considerable de la sociedad mexicana extrajo, sin embargo,
conclusiones inesperadas del fraude electoral. La mascara democrática del
régimen cayó con estruendo.
La rebelión de Oaxaca no debe ser interpretada como un acontecimiento
localizado, que expresó solamente la revuelta de los habitantes de una ciudad
contra el abuso del poder de un gobernador brutal.
La llamada "Comuna de Oaxaca" resistió durante meses a una represión criminal.
El gobierno de Calderón acabó por lanzar al ejército contra la población. Pero
no alcanzó el objetivo. Los llamados, reivindicaciones y denuncias de la
Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca – APPO atravesaron las fronteras y
sensibilizaron a la humanidad progresista para luchas que, trascendiendo el
ámbito de México, tienen un significado simbólico.
Brotes de rebeldía, reprimidos con violencia por el gobierno, demuestran que
Oaxaca no fue una protesta aislada. Anteriormente fue en Atenco. Después la
represión llego a Chiapas, bastión del Zapatismo.
Científicos sociales que apoyaron la candidatura de Obrador intentan minimizar
el significado de La Otra Campaña, el movimiento lanzado por el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional y del que forman parte organizaciones
revolucionarias como el Partido de los Comunistas de México
Con mi visita a México se fortaleció la convicción de que La Otra Campaña
–iniciativa de que poco se habla en Europa y mal comprendida por personalidades
progresistas en América latina- no actuó irresponsablemente al organizarse por
fuera del carril electoral.
La rebelión en Oaxaca confirmo lo correcto de la estrategia de la Otra Campaña,
que llevo a destacados intelectuales reformistas a distanciarse del
Subcomandante Marcos.
La Otra Campaña partió de la conclusión correcta de que cualquiera que fuese el
candidato electo, la política de sumisión a los EEUU continuaría, lo mismo que
la explotación capitalista. Obviamente Obrador difiere de Calderón. Pero en lo
fundamental ambos desarrollarían políticas neoliberales, invocando a la
democracia para negarla en la práctica, gobernando para los de arriba, contra
los de abajo.
Esa Campaña inédita comenzó a esbozarse cuando el Subcomandante Marcos, en
nombre del EZLN, en una inflexión estratégica inesperada, propuso a la izquierda
revolucionaria y a los movimientos sociales progresistas una alternativa al
proceso electoral tradicional y en choque con el. Una Campaña sin candidato,
orientada para la denuncia del sistema, con un rostro claramente anticapitalista
y revolucionario.
En una primera etapa los dirigentes y activistas de La Otra Campaña recorrieron
diferentes Estadso de México. No pedian votos. El objetivo era hacer evidente
que el responsable de los grandes problemas que preocupan a la población es un
sistema, el capitalista, y que la lucha para destruirlo será prolongada, difícil
y exigirá la unidad de los pueblos indios, de la clase trabajadora, de los
campesinos, de las mujeres, de los jóvenes, de los estudiantes y de los
intelectuales progresistas.
"Para identifica a ese enemigo común –las palabras sonde Pável Blanco, de la
dirección del Partido de los Comunistas- La Otra Campaña adoptó un método: oír.
Es entonces, cuando un campesino del Sureste consigue escuchar a un campesino
del Norte y percibe que enfrenta exactamente el mismo problema y el mismo
enemigo, comprende que no puede luchar solo. Ocurre lo mismo con los
trabajadores, con los jóvenes, etc. Tenemos ahora un movimiento muy amplio,
extensivo, que sabe que no es suficiente cambiar un gobierno, que es
indispensable cambiar el sistema, un movimiento que comprende la necesidad de
romper radicalmente con el neoliberalismo y el capitalismo. Es ese elemento de
calidad que diferencia la lucha en México de la librada por los pueblos hermanos
del Continente. Esa es la garantía de que, llegado el momento no será posible
detener el impulso de un pueblo decidido a ponerse de pie."
Oaxaca apunta un camino. Los brotes de rebeldía irrumpen inesperadamente en
áreas muy distantes. En Guerrero Negro, en Baja California Sur, después de años
de espera por decisiones judiciales, cientos de ejidatarios (campesinos que
participan de una forma tradicional de propiedad colectiva) decidieron recuperar
tierras de las que la transnacional Mitsubishi los había despojado, tierras
ricas en sal y en petróleo. En Sinaloa los pescadores se movilizan para una
lucha de larga duración, lo mismo acontece con los comuneros de la Parota, en
fuerte oposición al despojo agrario.
¿Son revolucionarios con formación política esos trabajadores? No. Más la
desesperación los lleva a adoptar formas de lucha que años atrás eran
impensables. Finalmente comprenden que nada pueden esperar de un sistema de
fachada democrática.
Emiliano Zapata y Pancho Villa, los grandes caudillos de la segunda década del
Siglo XX, no tenían conocimiento del marxismo cuando se levantaron en armas
contra la opresión secular de que eran victima los campesinos de la época. Y con
todo, fueron pioneros y héroes de una revolución nacional libertadora. Ambos
tomaron conciencia de que la democracia maderista,posterior al porfiriato, era,
al final, una falsa democracia y que la Revolución Mexicana solamente avanzaría
si el pueblo oprimido asumiese su papel de sujeto de la historia.
No pretendo establecer analogías porque el Siglo XXI es profundamente diferente
de aquel en que vivieron y lucharon Zapata y Villa. Más La Otra Campaña está
abriendo los ojos a una generación de mexicanos, victima de un sistema
instaurado paradójicamente por una Revolución, que, al institucionalizarse, se
tornó progresivamente en contrarrevolucionaria.
Su segunda etapa se está desarrollando en México en el momento en que escribo.
LO QUE VI Y SENTI
Transcurrieron dos semanas desde que regrese de México. Y tengo aún dificultad
en ordenar las ideas. Imágenes, sensaciones, emociones, la memoria de lo que vi,
escuché y sentí se funden en un panel de contornos imprecisos, tan complejo que
imprime a la reflexión rumbos que no consigo controlar.
Identifico en México, repito, la cultura más fascinante de América. Hijo de dos
civilizaciones que chocaron trágicamente, su pueblo mestizo aún no forma una
nación. La dualidad que persiste no impidió la formación de una conciencia
nacional muy fuerte. Es suficiente visitar el Museo Nacional de Antropología
–uno de los más bellos del mundo- y entrar en la gran sala de Tenochtitlán para
captar el orgullo doloroso de la mexicanidad y la esperanza que ella abre para
el futuro, enraizada en las tormentas de un pasado sembrado de humillaciones.
Participé en un Seminario Internacional de Izquierda, en una Conferencia
nacional de Solidaridad con el Pueblo de Colombia; pronuncié una Conferencia en
la Universidad Nacional Autónoma de México (380 000 estudiantes y profesores), e
hice dos conversaciones en los Estados de Veracruz y Morelos.
Eran obviamente diferentes los públicos y la atmósfera. Más un puente los unió.
México en este inicio del Siglo XXI, es un laboratorio donde hierve el debate de
las ideas. El repudio del neoliberalismo, cuyas políticas son responsables de un
empobrecimiento progresivo del pueblo, no obstante el país ser riquísimo en
recursos naturales, contribuyó para reforzar el sentimiento antimperialista,
profundamente anclado en el corazón de los mexicanos.
La permanencia en el gobierno de una burguesía reaccionaria, sumisa a todas las
imposiciones del sistema de poder de los EEUU, estimula el rechazo por el
Tratado de Libre Comercio con América del Norte, que recolonizó al país.
La convicción de que la conquista de la independencia real pasa por el proceso
de integración con los pueblos al Sur del río Bravo dejo de ser un sueño para
tornarse objetivo. La defensa de la integración se manifiesta en discursos
diferentes, consonante la ideología, pero gana adeptos cada mes. La popularidad
de Hugo Chávez, hoy el revolucionario que empuña la unidad latinoamericana,
refleja el renacimiento del proyecto de Bolívar.
La participación de los jóvenes militantes en el debate de los grandes problemas
de nuestro tiempo me impresionó mucho. En Córdoba (Veracruz), y Jojutla
(Morelos), hablé para cuadros del Partido de los Comunistas, promotor de esos
encuentros. Independientemente del tema de las conversaciones, fueron levantadas
cuestiones inseparables de la crisis global que la humanidad enfrenta. Las
preguntas dejaban aparecer un nivel de información elevado y una formación
ideológica marxista poco común en otros países del Continente. De Irak, de Irán,
de Palestina y del sionismo se partía para problemas de Asia Oriental, el
agravamiento de la crisis del sistema imperial estadounidense, y de ahí para la
Unión Europea, las elecciones francesas y la América latina. Los jóvenes
comunistas mexicanos manifestaron un interés especial por los desafíos colocados
por la transición del capitalismo al socialismo, por las causas profundas,
internas y externas, del fin del socialismo en la URSS, por los trabajos de
marxistas europeos como George Labica, Henri Alleg, Gastaud e Istvan Meszaros.
Llamé la atención para el gran significado del libro Lenin y la Revolución, del
profesor Jean Salem –prácticamente ignorado en su país- y, cuando fue colocado
el tema del Socialismo como única alternativa al capitalismo en su fase senil,
el debate se prolongó.
En América Latina es casi una moda defender aquello que llaman el Socialismo del
Siglo XXI. El hecho de que Hugo Chávez y destacados académicos utilizan la
expresión e hacen apología de un socialismo de contornos difusos ha contribuido
para una lluvia de adhesiones a algo que nadie sabe exactamente lo que es, más
allá de una formula vacía de contenido. Registré que los comunistas mexicanos
tienen conciencia de la diversidad de América Latina. Defensores de la
integración económica con los países hermanos del Hemisferio, no desconocen que
el socialismo habrá de presentar colores nacionales en sociedades culturalmente
tan diferentes como son México y Paraguay, Argentina y Guatemala, o Brasil y
Ecuador.
Además, la moda del Socialismo del Siglo XXI viene siendo utilizada por algunos
intelectuales, sobre todo de tendencia trotskista, para catalinarias
antisovieticas en las cuales las criticas a Stalin y a la dramática
burocratización del PCUS funcionan como trampolín para el ataque a la Revolución
de Octubre, a su herencia y a Lenin.
EL MEXICO ENCANTADOR
En México me invade siempre la sensación extraña de que descubro aquello que
contemplé en visitas anteriores. Es un redescubrimiento de lo conocido.
No volví esta vez a Teotihuacan, la ciudad mágica cuyas ruinas aparecieron como
obra divina a los aztecas, en el Siglo XIV, cuando caminaban por el planalto
rumbo a la gran laguna donde fundarían Tenochtitlán destruida por los españoles
doscientos años después. Mas pasé horas en el Museo de Antropología y en el del
Templo Mayor, en meditación sobre la historia de una civilización asesinada.
La herencia monumental y los mensajes dolorosos dejados por Cuauhtémoc me
empujan siempre para viajes por las alamedas de la imaginación. En la busca de
un paralelo para el encuentro y choque de Hernán Cortez con la gran metrópoli
azteca me ocurre que el desarrollo brutal de la historia fue allí algo muy
diferente de lo que habría acontecido si Alfonso de Albuquerque, al llegar a
Ormuz,en la Persia del siglo XVI hubiese encontrado una ciudad como la Babilonia
de Hamurabí.
En mi deambular por el centro Histórico de la metrópoli tentacular redescubrí el
genocidio de la colonización y la epopeya revolucionaria del Siglo XX en los
murales de Diego Rivera tan armoniosamente insertos en la monumentalidad del
Palacio Nacional dominando el Zócalo, la mayor plaza de América.
Revisitar Coyoacán, hija del arte y la tranquilidad incrustada en la
megalópolis, fue un deber para sentir en la Casa Azul la magia humana de los
toques surrealistas de la compañera de Diego, Frida Kahlo, otro genio de la
pintura contemporánea. Allí vivió Trotsky, en la primera fase de su exilio
mexicano, antes de mudarse para la vivienda a dos cuadras de distancia, donde
fue asesinado en 1940. Hoy es un Museo donde se siente el movimiento de la
Historia. Todo ahí parece al visitante simultáneamente próximo y muy distante.
El tiempo era corto, pero encontré tiempo para un día ir hasta Taxco, una de las
más bellas ciudades coloniales de América. Recorriendo por sus callejuelas
enmarcadas por blancos caserones setencentistas, sentí algún malestar por la
contradicción entre el tiempo parado de la Nueva España de la época de los
Borbones y la modernidad agresiva de la onda turística. En la vieja Plaza de
Armas, una Iglesia de piedra rosada exhibe los esplendores floridos del
churrigueresco y del plateresco de la España en decadencia. El oro, en el
retablo y en las capillas, recuerda la riqueza insolente de los señores de la
Conquista nacida de la dominación criminal sobre los hijos de la tierra. Leí en
una guía que el templo fue construido por un español dueño de nueve minas de
plata y una de oro.
Taxco, desafiando el tiempo, me pareció como imagen de México, un país en el
cual el sufrimiento y la alegría forman una amalgama conmoverte. Bajo el manto
de un pesimismo secular se mantiene viva allí una esperanza infinita.
Esa esperanza me toco como un latigazo en la antigua hacienda que fue el Cuartel
General del Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata, en Tlaltizapan,
cerca de Jojutla. La Revolución Mexicana fue antropofágica. Devoró a sus mejores
hijos. Pero las simientes no secaron. Pueden germinar nuevamente.
Pável Blanco, el jóven dirigente comunista, afirma que en México "la voluntad de
lucha de un pueblo que sabe esperar, pero cuya paciencia llegó al limite, se
combina hoy con situaciones objetivas inaceptables para la vida y con un
elemento nuevo, la unidad de rebeldes y revolucionarios".
México, insisto, recuerda a una mujer embarazada, en cuyo vientre germina una
nueva vida.
Serpa, 29 de Marzo de 2007
Traducción: Genaro Sotelo
odiario.info
Fuente:www.lafogata.org