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Zapatismo
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"Como otras veces, nos convoca el dolor"
Apenas empezamos; no nos detendremos, dice Marcos
Fue un ataque de aniquilamiento; a ningún político le importa la democracia,
condena durante marcha por liberación de presos
Palabras de la Comisión Sexta del EZLN en la marcha del 12 de mayo de 2006
La Jornada
El subcomandante Marcos durante el mitin afuera de Los Pinos, luego de la
marcha en apoyo a los presos de San Salvador Atenco Foto Víctor Camacho
Compañeros y compañeras de la otra campaña:
Hoy, como en otras ocasiones, nos convoca el dolor.
El dolor de ver a nuestras compañeras, a nuestros compañeros del Frente de
Pueblos en Defensa de la Tierra y de otras organizaciones, grupos, colectivos,
familias y personas atacados por las policías de los malos gobiernos en San
Salvador Atenco.
Los malos gobiernos del municipio de Texcoco, de filiación perredista; del
estado de México, de extracción priísta, y el gobierno federal, que encabeza el
panista Vicente Fox Quesada.
No fue, como dicen allá arriba, un operativo para imponer el orden.
Fue un ataque de destrucción y aniquilamiento, perpetrado con la impunidad de
quien se sabe protegido por la ley de arriba, la ley del poderoso. La ley que
justifica el asesinato de un joven, el empleo de armas de fuego en contra de
población civil indefensa, la destrucción de viviendas humildes, las golpizas
salvajes sobre todo lo que se moviera, la agresión sexual en contra de mujeres y
muchachos, las detenciones arbitrarias e indiscriminadas. En suma, el fascismo.
Todo esto con una coartada, que apenas duró unas horas en los medios de
comunicación, la del estado de derecho, la de la imposición de la ley.
El mismo estado de derecho que ha convertido la justicia en mercancía cara, cuyo
costo sólo puede ser pagado por el que tiene dinero. Así hemos visto a Marta
Sahagún, del PAN y esposa de Vicente Fox, comprar a jueces para cubrir el
enriquecimiento ilícito de su familia. Y si alguien se atreve a denunciarlo
públicamente, nueva compra de la justicia para acallar y penalizar a quien dijo
la verdad.
El mismo estado de derecho que solapa y cubre a los legisladores que, como Diego
Fernández de Cevallos, del Partido Acción Nacional, se dedican a usar su
posición política para favorecer el crimen organizado. El mismo estado de
derecho que no sólo permite, también promueve el uso de recursos de la nación
para que el PAN invierta en el negocio redondo de los puestos públicos y la
inflación de encuestas, como hacen con ese enano mental con aspiraciones de
dictadorzuelo que es Felipe Calderón.
El mismo estado de derecho que da prerrogativas legales al brazo político del
crimen organizado, el Partido Revolucionario Institucional, y a ese gánster
venido a menos que es Roberto Madrazo.
El mismo estado de derecho que encubre la corruptela institucionalizada llamada
Partido de la Revolución Democrática, y que alimenta y nutre, con los mismos
embaucadores de siempre, la campaña de Andrés Manuel López Obrador.
Compañeros y compañeras:
Allá arriba, en algunos lados, están proponiendo orientar su ocio a la teoría de
la conjura, de la conspiración, del complot ideado para arruinarles el negocio
en el que han convertido las elecciones.
Pero acá abajo sabemos lo que pasó: la maquinaria represiva del Estado echada a
andar sin importar dónde, cuándo, quién ni cómo.
Quieren que abajo nos convenzamos de que sólo es posible la política de arriba,
con ellos y ellas, bajo sus reglas y tiempos.
"Pruebas", piden los de arriba cuando se les señalan las violaciones a los
derechos humanos con que aplicaron "su ley". "Pruebas" repiten sus ecos
amaestrados.
Como si allá arriba se hubieran tomado la molestia de reunir "pruebas" para
hacer lo que hicieron.
¿Y los partidos políticos y sus candidatos? ¿Acaso les importa lo que acá bajo
sucede?
No.
Se enteran por los medios de comunicación y van corriendo con sus asesores de
imagen para hacer el cálculo de qué impacto puede tener en las encuestas el
despotricar prometiendo, si llegan a la Presidencia, convertir todo el país en
el Atenco del 3 y 4 de mayo (como hicieron Calderón y Madrazo); o quedarse
callado, como hizo AMLO, limitándose a condenar la violencia, "venga de donde
venga", como si fuera equiparable la de los pobladores a la de los policías.
Atentos a las encuestas, a estos políticos no les interesa ni la democracia, ni
la libertad, ni la justicia.
Porque ninguna de estas banderas, abrazarlas, hacerlas suyas con consecuencia,
inciden en las encuestas.
Compañeros y compañeras:
Todo esto lo sabemos, y por eso también nos convocan hoy la indignación y la
rabia.
La indignación y la rabia que provoca el saber que, para los de allá arriba, las
mujeres son el botín de guerra prometido de antemano a las tropas del "orden".
La agresión que recibieron y reciben nuestras compañeras por el hecho de ser
mujeres.
El querer no sólo golpearlas y detenerlas, también humillarlas y destruirlas
moralmente.
Y el mensaje no es sólo para ellas como mujeres que luchan por un país mejor,
por otro México.
Es para todas las mujeres en México.
Para el sistema económico y político todas son el botín con que se paga a quien
impone con la fuerza lo que no puede sostener con la razón.
Someterse de buen grado al desprecio, al maltrato, a la agresión sexual, a la
violación; o ser obligadas a ese sometimiento con el uso legal de la violencia.
Esta es la alternativa que, para todas las mujeres de abajo, humildes y
sencillas, ofrece el sistema, independientemente del signo político que se
simule allá arriba.
¿Quién puede enorgullecerse de aplaudir esto como símbolo de la modernidad
democrática en nuestro país?
¿Quién puede ser honesto y guardar silencio frente a esta crueldad?
¿Quién, como mujer, como ser humano, en México o en cualquier parte del mundo,
puede saber de lo que significó ser mujer en San Salvador Atenco, en el estado
de México, el 3 y 4 de mayo de 2006, y seguir de largo, no hacer nada y seguir
cargando la humillación propia, disfrazando de destino y mala suerte lo que han
convertido en maldición?
¿Quién puede conocer todo eso y tomar el micrófono, la cámara, la computadora,
el estrado, la mesa, el transporte, el lapicero, la herramienta de trabajo en el
campo o en la ciudad, el libro, el cuaderno de apuntes, el juguete, encender la
radio o la televisión, leer el periódico o una revista, y no ver y no oír, o,
peor aún, ver y oír y pensar que tal vez se lo merecían, "quién les manda ser
estudiantes, trabajadoras, indígenas, quién les manda ser pobres, quién les
manda no ser diputadas, senadoras, gobernantes, funcionarias, empresarias; en
fin, quién les manda ser mujeres".
¿Qué mujer en México, sin importar sus ideas, puede honestamente quedarse
callada?
¿Quién como joven, anciano, niño, hombre o mujer, puede saber lo que significó
ser uno u otra en Atenco el 3 y 4 de mayo, y permanecer inmóvil?
¿Quién puede escuchar la historia de los dolores de esos compañeros y compañeras
y no sentir la misma rabia y la misma indignación?
¿Quién puede escuchar la decisión de seguir luchando que sigue en su corazón, y
no sentir la misma rebeldía?
No nosotras, no nosotros, no la otra campaña, no los compañeros y
compañeras que somos de quienes sufrieron el ser de abajo y de izquierda en la
larga jornada del terror de arriba los días 3 y 4 de mayo en San Salvador
Atenco.
Ni indiferentes, ni callados, ni inmóviles.
Nosotras, nosotros, la otra, no dejaremos a nuestras compañeras y
compañeros solos, solas. Ni en la cárcel, ni en su dolor, ni en su rabia, ni en
su lucha.
No importan ni el tiempo que tarde ni la coyuntura que allá arriba decidan e
impongan.
No importa si somos muchos o pocos.
No importa si se nos ataca o se nos alaba.
No importa si se nos comprende y apoya, o si se nos condena y persigue.
Cumpliremos el deber primero que adquirimos como parte de la otra: ser
con los otros y otras, apoyarnos, no dejarnos solos.
Seguiremos gritando y seguiremos movilizando, todos, todas, en todo el país.
Si piensan que con la represión nos van a detener o a desanimar, que tomen el
ejemplo de nuestros compañeros y compañeras detenidas el 3 y 4 de mayo.
Si es la represión, con la coartada partidaria o mediática que sea, con la que
decidan enfrentar nuestra demanda de justicia, que de una vez vayan haciendo
lugar en las cárceles, en los hospitales y en los cementerios, porque esto no se
va a detener hasta que todos los presos y presas del 3 y 4 de mayo salgan
libres.
Allá arriba no les importamos.
No les importa el horror que provoca el saber lo que le hicieron a nuestros
compañeros y compañeras y a personas que ni siquiera sabían de qué se trataba.
Calculan que los golpes y amenazas, el tiempo, las mentiras y el silencio
terminarán por mandarnos a un rincón olvidado.
Se equivocan.
Seguiremos con nuestras protestas y movilizaciones, en todo México y en el
mundo.
Sabrán que acá abajo ni perdonamos ni olvidamos.
Y no será la nuestra una rabia como la de antes, como la de siempre.
No.
Ahora es y será una indignación organizada, otra rabia.
Apenas empezamos, no nos detendremos.
Que saquen a todos los presos, a todas las presas, o que de una vez nos metan a
todos a la cárcel.
Desde la otra Ciudad de México.
Subcomandante insurgente Marcos.
México, Mayo de 2006.
Fuente:www.lafogata.org